Como un latido que a veces pasa desapercibido, lo importante, lo pequeño los detalles se nos escapan… Se nos escapa la niñez y, distraídos, sentimos como se nos escurre de las manos. Ellas y ellos, los niños, las niñas, los que son y los que un día fuimos, se desdibujan, como paisajes desteñidos. Corre todo tanto que la niñez no tiene tiempo para vivirse, reconocerse, saborearse…
También se nos escapan los brillos, el polvo, las pelusas, la brillantina, los insectos, las gotas… Perdemos las agujas en los pajares y los pájaros nos rehúyen con tanto aspaviento, gesto brusco, carreras…

A mi niña no se le quiere escapar lo pequeño, porque un día descubrió que la lupa reconoce que hay mundos infinitos y el telescopio le trajo lo más grande cuando parecía lo más ínfimo.
Porque la vida y la realidad son un precioso juego, mis ojos de niña, curiosos, quieren acompañarme a mirar desde el lugar de las hormigas, quieren disfrutar observando el circo de las pulgas, donde saltan chispas de ilusión y todo está conectado, no roto…

¡Seguidme!, como dijo un Flautista, ¡Seguid la melodía, la pauta de lo pequeño, porque en los detalles es en donde se asienta la Vida, los detalles son los que hacen la diferencia!
Lo pequeño hará un pulso, a tanta cordura, a tanta conquista, a tanta cabeza, y saldrá triunfante.
Y las lágrimas, esos espejitos reflectantes de la emoción, de la sorpresa, de la congoja, de la alegría, serán bienvenidas. ¡Aflojemos el ritmo!

Aquí estaré, jugando… Gema Cotallo